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CARTA ABIERTA LA PLATA BERISSO Y ENSENADA se reúne miércoles por medio a las 19:30hs y sábados por medio a las 10:30hs en el Salón de la Presidencia primer piso del Pje. Dardo Rocha, 50 e/6 y 7, La Plata.
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lunes, 2 de mayo de 2011

DE LA LIMPIEZA TELEVISIVA A LA CONSTRUCCIÓN POLÍTICA (¿Quieres hacer el favor de acompañarme, por favor?)*


“No veo razón para que no podamos hablar de ello si queremos hacerlo”


¿La obsesión por la limpieza puede convertirse en tema de debate público o debemos dejarla que se explaye a sus anchas exclusivamente dentro del mundo privado de las personas?

Me gustaría desenredar el ovillo de las publicidades televisivas de productos de limpieza (1) para ver si este tema puede traerse a la superficie sin entrar a juzgar psicologías o rasgos de personalidad.

Con el primer hilo sale una larga tira de palabras: aroma, perfume, rosas, fragancia, pino, marina, brillo, limpio, mariposas, lavanda, blanco, lustre, orden, y luego otras que aparecen contrapuestas y que no suenan tan bien: bacterias, barro, gérmenes, mancha, tierra, suciedad, sarro, desorden....detrás vienen, como figuritas de una guirnalda de papel, todas de la mano, madres, hijas, abuelas, nietas, amigas (muchas de ellas compitiendo entre sí), actrices (alguien debía encarnar esos personajes), actores conocidos (actúan de entrevistadores), odontólogos “reales”, algún nutricionista, un dibujo animado de un superhéroe en calzas anaranjadas.

Estamos en el siglo XXI... ¿tan precaria es nuestra (de mujeres y hombres) conciencia de género que las empresas siguen intentando vender exacerbando la imagen de las mujeres dedicadas a la limpieza obsesiva de la casa? No basta ya que las mujeres limpien, parecen decir estas publicidades, ahora deben eliminar gérmenes, bacterias, enfermedades. Ahora está en juego la salud. Ya no somos simples amas de casa, somos guardianas de la salud, nos han ascendido. Se aprecia el esfuerzo discursivo de las agencias de publicidad. La mujer común ya no sería tan fácil de seducir, ahora hay que crear -como los escritores que crean a sus propios lectores- la imagen de la nueva mujer que consuma la infinita variedad de productos de limpieza que hay en el mercado: esa es la mujer maniática. No se la llamará así, sino que se la mostrará como la mujer que cuida la salud de los suyos, que se preocupa por su marido y sus hijos, la mujer treintañera (no es una mujer antigua en lo que a edad se refiere) que "sabe" como se contagian las enfermedades y como evitarlas. Transmitido de generación en generación (de mujeres, según las publicidades), gracias a los conocimientos con los que nos ilumina un superhéroe dibujado o un actor multifunción (varón) el mensaje sigue siendo el mismo: el trabajo sucio nos sigue tocando a las mujeres. Cualquier persona que haya sentido vergüenza al ver estas publicidades puede dar fe de que son una forma de la violencia de género. Una forma que antecede a la violencia física. Porque la violencia física no nace de un repollo.

“¿Cómo debía actuar un hombre, dadas las circunstancias?”

Y entonces empiezo a tirar del segundo hilo, aunque me tiemble un poco la mano, porque parece que lo que está debajo es más pesado, o mejor, tiene efectos más expansivos. Lo primero que aparece es el nudo de la naturalización del engaño: convengamos que no es necesaria una batería de productos especiales para cubrir las necesidades de limpieza. Naturalización del engaño desde los dos lugares: desde el engañador y desde el engañado. Ambos aceptamos –un poco más o un poco menos- la mentira como verdad. Quizá esto funcione como presupuesto de lo que sigue.

Porque sigo desenrollando el hilo y aparece una pregunta: ¿qué es lo que molesta en estas publicidades? ¿Que aparezcan mujeres y hombres en roles estereotipados o que se le dé tanta importancia a la limpieza? Las dos cosas. La verdad es que no me gustaría ver las mismas propagandas “protagonizadas” por hombres. Y entonces llegamos al segundo nudo de este hilo: ¿qué modelo de persona (no ya de mujer) instauran estas publicidades? ¿Una persona que limpia tanto y tan a fondo puede ocuparse de otras cosas? ¿Le queda tiempo material o mental para interesarse por algo creativo o trascendente, por lo que les pasa a los demás, por cómo va marchando el mundo? Cualquiera sabe (y aquí viene de nuevo la mentira consentida y su uso para reforzar el rol estereotipado de las mujeres sin que se note tanto) que un trabajo tan duro como la limpieza no puede hacerse sin esfuerzo, que no es verdad que podamos dejar todo limpio en un segundo (que lo diga sino el cuerpo de las empleadas domésticas, todas mujeres). En realidad son muy pocas las cosas que pueden hacerse sin esfuerzo. Y el esfuerzo ocupa tiempo y energía. Y más si el ideal propuesto resulta inalcanzable.

Entonces me pregunto: si por una operación mental sacáramos a hombres y mujeres del lugar del modelo de la limpieza extrema que proponen estas propagandas, ¿como se llenaría ese vacío? A mi modo de ver ese es un vacío saludable, porque no se trata de un vacío de amor, de ternura, de contención hacia los demás (vacío que en todo caso -volviendo al primer hilo - sería muy grave si solo pudiera ser llenado por las mujeres) sino de un vacío generador, productivo, creativo. Bienvenido ese vacío. Es el vacío que le deja tiempo al/a consumidor/a para que se convierta en ciudadano/a.

“En determinado instante alzó los ojos y miró la cara de los jugadores. Se preguntó si alguna vez le habría sucedido a alguno de ellos lo mismo que a él”

Y de pronto me encuentro con el tercer nudo de este hilo: ¿qué significado tiene salvaguardar “a los nuestros” del más mínimo riesgo, por ejemplo, de algo tan hermoso y clásico, que nunca nos trajo problemas, como jugar con un perro? ¿A dónde ponemos a los demás en esta ecuación? ¿Por qué estas publicidades muestran el adentro y el afuera, lo familiar y lo desconocido, lo "propio" y lo "ajeno", el entretenimiento aséptico y el juego con contacto, la seguridad y la libertad, como términos confrontados, donde el primero representa a la salud y el segundo a la enfermedad? ¿En qué medida estas propagandas no refuerzan el discurso del miedo, del otro como enemigo, del control, del aislamiento, la desconfianza y el individualismo?

El "género atraviesa" decimos en la Revista de Carta Abierta La Plata (www.revistacartaabiertalaplata.blogspot.com). El discurso que descalifica a las mujeres no apunta solamente a las mujeres. Extranjeros, inmigrantes, pobres, presos, niños en conflicto con la ley, minorías, pensamientos alternativos, jóvenes, varones que no responden al estereotipo masculino, todos los que, por un motivo u otro, están en algún momento del otro lado del vidrio impecable, pueden ser peligrosos.

“…abre la puerta, por favor- dijo ella” (2)

Pero ¿qué pasa cuando el vidrio se rompe o la puerta se abre? ¿Qué pasa cuando por fin hablamos? ¿Van a pedirnos por favor que nos callemos porque lo que tenemos para decir es insoportable?

¿Alguien escucha a las mujeres hablando desde su dolor? ¿Cómo se hace para que nuestras voces sean tomadas por los demás? ¿Cómo se hace para ser escuchadas, no como se oye llover? ¿Están condenados los discursos de género a ser divulgados desde los suplementos especiales de los diarios y las Comisiones especiales de los grupos e Instituciones?

Y las mujeres sólo somos un Otro. ¿Cómo se hace para incluir a los muchos Otros en nuestra visión del mundo? ¿Es aquí cuando el hilo se enreda definitivamente?

La Presidenta ha dicho que sola no puede. Ha llamado a trabajar desde la diversidad. Nuestra Carta Abierta VIII habla de la "convivencia de lo diverso". Pero lo diverso no es solamente el inmigrante extranjero. Nos encontramos continuamente con la expresión de lo diferente aun en grupos pequeños con afinidad ideológica. Lo diferente es una manera cansina o demasiado vehemente de hablar, el énfasis que pone un compañero en cuestiones sin importancia para otro, tener o no tener una historia militante, las interpretaciones divergentes de la realidad, lo que alguien considera oportuno y el otro desubicado, las interioridades personales con todas sus infinitas expresiones, la voz fresca de la juventud o la experimentada de la mayor edad, el compañero que en su discurso y sus actitudes ignora las cuestiones de género y el que las incluye. Desde allí hay que partir, desde lo más finito, desde lo más básico, desde lo que nos toca todos los días. Quisiera pensar que no se trata solo de un ejercicio de tolerancia, porque esto tendría un alcance meramente cosmético. Creo que no podemos saltear el paso de construir políticamente desde nosotros mismos, si queremos que los cambios se profundicen, que se institucionalicen las transformaciones, como dijo la Presidenta en el discurso de Huracán.

En estos días hemos visto como la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) ha rechazado por 40 votos contra 6 (números que constituyen prueba por sí mismos) la aplicación del cupo femenino en sus listas electorales. Han dicho que las mujeres llegarán "naturalmente" a los cargos representativos, porque son más cantidad en el padrón. Hemos visto jueces que han reducido penas de abuso sexual por la condición social de las niñas abusadas, que estarían “acostumbradas” a tener relaciones sexuales desde pequeñas. Hemos visto repetirse como un sueño espantoso traído desde el fondo de la historia la imagen sacrificial de la mujer incendiada.

También hemos visto a hombres creativos militando en contra de la violencia de género y llamando a otros hombres a sumarse (gracias).

No hay modo de "escuchar las voces" de los Otros si tenemos una visión normalizadora del statu quo. Porque en esa naturalización el experimentado se sigue imponiendo al tímido, el veterano al joven, las mayorías dominantes a las minorías, las costumbres patriarcales a las que quieren abrirse camino desde la igualdad.

Esa gran transformación que los tiempos políticos nos están pidiendo, para no encontrarnos al final del camino, otra vez, con “más de lo mismo”, no sería posible sin una mirada cuestionadora, liberada de miedos, si se quiere irreverente, que desadormezca ya no solo las naturalizaciones conocidas y que hemos combatido históricamente, sino aquellas que conmueven nuestras propias certezas.

Una mirada superadora que sea capaz de unir y sintetizar en un mismo acto creativo el apoyo y la crítica (apoyocrítico), el discurso y la acción, lo nuestro y lo ajeno, la libertad y la seguridad, las necesidades reales (no las televisivas) de las mujeres y los hombres.

Isabel de Gracia
La Plata, 27 de abril de 2011.

(*) con el aporte del intercambio generado en el grupo bondi-local@gruposyahoo.com.ar
(1) aromatizantes, desinfectantes, desodorantes, suavizantes, desengrasantes, jabones en polvo, detergentes, quitamanchas, lavandinas, insecticidas, líquidos para pisos, ceras, blanqueadores, abrillantadores, abrasivos… en todas sus variedades comerciales: líquido, gel, pasta, crema, aerosol, dispositivos a presión, de pared, adhesivos, productos concentrados, disueltos, con aromas, sin olor, antialérgicos, para adultos, para niños, para bebés, para todos los días, para ocasiones, para ropa de lana, de algodón, blanca, de color, negra, de fiesta, interior, para superficies de madera, de metal, de cuero, de vidrio,... o incluso para aplicar sobre nuestro propio cuerpo (cremas dentales, enjuagues bucales, aguas minerales que eliminan toxinas, preparados lácteos cuasilaxantes o anticolesterol, …).
(2) Los epígrafes los tomé del relato de Raymond Carver, “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?”















lunes, 14 de febrero de 2011

DE CRISPACION A CRISALIDA, LO EFIMERO Y LO FEMENINO

Según el Pequeño Larrouse Ilustrado, crispar es irritar, exasperar; un figurativo que se origina en su otra acepción: “contraer repentina y pasajeramente los músculos de una parte del cuerpo”.



¿A qué sensación refiere la oposición con este término?



Se parece un poco a lo que solíamos sentir (sin ir demasiado lejos en el tiempo) cuando se nos decía que las ideologías habían muerto, cuando se regalaban empresas y recursos del estado, cuando los ajustes se hacían recortándonos los ingresos de a trece porcientos, cuando nos flexibilizaban, nos reprimían, deterioraban la educación, nos dejaban afuera del sistema y sobre todo, cuando indultaban y nos hablaban de reconciliación. Pero en ese tiempo no usábamos la palabra crispación, porque la crispación pensada como estado permanente encubre, si no una contradicción, por lo menos un oxímoron. Y no había contradicción ni duda ni vaivenes en nuestro modo de apretar los dientes.



No. La crispación se derrama en el mantel asociada al gobierno de Cristina y así, volcada, se extiende, se ramifica y se desgaja en cris·pasión. Deja un eco que resuena: esa mujer. Esa mujer pica y rebota de hoy a ayer y vuelve. Pica y molesta. Nadie estaba crispado ni cris-pasionado antes de que llegara ella. No había odios tan apasionados, tan amantes, tan fieles y dispuestos. El odio-pasión se yergue ante ella con sospechoso encarnizamiento.



No es casual la elección de palabra, desata pasiones. Pasiones que resuenan a las que suscitaba Eva, esa primera dama, esa primera mujer. ¿Acaso se parecen? Tal vez en algo sí, tal vez en mucho no. Son mujeres que descolocan, se des-colocan, se des-ubican, se salen del rol que les estaba asignado. Se plantan con voz de mando, asumiéndose pares, iguales, semejantes, en tanto que personas. Asumiéndose jefas, conductoras, mandatarias, en tanto que mujeres.



Y mujeres hermosas.



Para la psicología del macho una mujer debe ser accesible, especialmente si le gusta. Aquello que se le para enfrente y lo cuestiona, le pone límites, lo reta, no puede ser una mujer; es visto como un otro fálico, otro macho. Una mujer en ese rol, le plantea un dilema que atenta contra su estructura: se fusionan en un solo ser dos conceptos: macho-deseable. La psicología del macho colapsa. El cristal a través del cual ve el mundo se fisura y el mundo se convierte en un caleidoscopio aterrador, hecho de pedacitos que se reflejan, se fragmentan y le devuelven combinatorias inadmisibles.



Lo que la cris·pasión pone sobre el tapete es una realidad asimilable sólo tras la operación de transmutarla a crispación.



La crispación, puesta a la mesa como un salero indispensable, con su carácter efímero intrínseco, no es casual; deja vibrando en el aire el anuncio de un fin inminente. La crispación puesta a la mesa por quienes han sido históricamente los detentores del poder, suena, casi, a amenaza.



Crispación, entonces, podría resonar a ese dolor, bronca, impotencia, que solíamos sentir, pero es otra cosa. Se parece más al fruncimiento de ceño de un patriarca, sentado a la cabecera de la mesa en la que los comensales nos estamos portando mal.



Pero la cris·pasión también tiene sonoridades de cri·sol, que trae luz, calidez y mixtura, y con ellas convivencia; tiene reminiscencias de crisálida, que invoca, necesariamente, transformación y futuro. ¡Y vaya si están cambiando las cosas! De crisálida a mariposa transitamos camino hacia un mundo posible, donde lo femenino tiene un lugar. Un lugar no depreciado. Un lugar permanente, donde lo efímero no evoque otra cosa que el roce del aleteo, una caricia cíclica.











Natalia Esponda

miércoles, 26 de enero de 2011

"AHI" (donde comienza tu desnudez)


Crispación/cris-pasión/crisálida *… qué hermoso poder transformar el gesto rígido y contenido en el aleteo de una mariposa que levanta vuelo.

De la misma forma en que el kirchnerismo fue calificado como una anomalía (algo inesperado, que irrumpe), de pronto se produce también un corte en el significado de las palabras y ya no podemos seguir usándolas como siempre.

Muchas veces en estos “nuevos tiempos” (que en Carta Abierta hemos calificado como “cambio de época”) el vocabulario nos ha quedado corto para definir, clasificar y comprender la realidad. Necesitamos nuevas palabras, o mejor, resignificar o dotar de contenido a palabras que habían caído en desuso, se habían vaciado o se encontraban degradadas (“Estado”, “política”, “militancia”, “compañero” son algunas de ellas). “Este es un tiempo que trae consigo componentes inéditos como parte de una historia que jamás se repite, y plantea desafíos para los que no existen respuestas sino necesidad de buscarlas. Todo nuevo tiempo reclama palabras capaces de nombrar lo que hasta entonces no existía” (Carta Abierta 8, de aquí en más todas las citas en cursiva pertenecen a ese texto).

Este es un juego de ida y vuelta: la realidad nos provoca con sus indicios y sus señales, y nosotros provocamos a la realidad con nuestros nombres y definiciones.

En estos días transcurridos desde los homicidios de Mariano Ferreyra, y los cometidos en Formosa y Villa Soldati, nos hemos topado frente a frente con “lo aun no hecho”, “lo que ha sido intocado”, “lo que cruje y reacciona”, “las limitaciones que no fueron traspasadas en la vertiginosa marcha del proyecto en curso”, en definitiva, los entramados –ya no solo las palabras- que todavía no han sido redefinidos o resignificados.

¿Dónde entramos nosotros en esos “asuntos pendientes” para no ponernos en el lugar de los que “sólo optan por la expectativa”? ¿Qué hacemos con todo lo que el Otro nos ofrece, como un peludo de regalo, a la fuerza (la usurpación de un terreno, el corte de unas vías, su pensamiento disparado hacia un lugar "peligroso", su enojo, sus críticas bien o mal intencionadas, bien o mal fundamentadas)?

¿Qué pasa cuando traspasamos la capa “sociable” del Otro (sea el inmigrante, el boliviano, el extranjero, o –más perturbadoramente- nuestro vecino, nuestro pariente, nuestro compañero de un grupo político) y nos encontramos con lo que subyace en lo profundo? Cuando esa persona con la que nos sentábamos a charlar y compartir nos parece de pronto un desconocido, un autoritario, un desubicado, un impúdico que reclama por lo que cree tiene derecho (de allí a considerarlo una amenaza o un enemigo hay solo un paso). A veces no queremos ni ver lo que hay detrás, nos parece casi una exhibición obscena. ¿Por qué nos muestra esas cosas? ¡Ahora no, no es el momento! (No quiero verte en tu desnudez).

Pero recién “ahí” es cuando el Otro aparece verdaderamente como expresión de la alteridad (antes era “yo mismo” disfrazado de Otro). “Ahí”, en esa complejidad inoportunamente exhibida, en esa intimidad que no nos atrevemos a mirar de frente. “Ahí” es donde nos trabamos, “ahí” donde reaparecen las “voces muy antiguas y los textos muy conocidos”, “ahí” donde las palabras se vuelven vacías porque no encuentran correlato en la realidad (el proceso eleccionario de la CTA puede funcionar como ejemplo de las dificultades que deben resolver las iniciativas que intentan ser superadoras).

¿Cómo desatar esos nudos de sentido donde lo nuevo se entremezcla con lo viejo, donde no es posible descifrar a primera vista en qué casillero colocar nuestras percepciones y pensamientos? ¿Cómo hago para describir o clasificar –y sobre todo para actuar sobre- esa realidad? No es nada fácil.

Sin embargo no podríamos hablar de “doblar la apuesta”, de “deshacer las tramas”, de “buscar formas de superación”, de “despegarse de la comodidad de lo que se da por sentado”, de reclamar “una forma política capaz de abarcar una coalición nueva de ideas, estilos y actitudes”, de “profundizar la democracia” si no nos hacemos cargo de ese Otro, sino lo incluimos en nuestra visión del mundo, si terminamos –como siempre- reduciéndolo a un solo plano, y definiéndolo con un solo adjetivo. Asumir nuestro propio protagonismo en la historia significa asumir también nuestra propia responsabilidad.

Muchos de los que apoyamos el modelo que propone nuestra presidenta Cristina Fernandez (iniciado en el 2003 con la presidencia de Néstor Kirchner) pensamos que la idea de la no represión de las protestas sociales es una de sus columnas vertebrales. Nos aferramos a ella no como una tabla de salvación, sino con la intuición de que funciona como faro o guía. Hasta ahora se trataba de un simple hecho negativo, de una omisión, pero a partir de las tomas de Villa Soldati y del Club Albariños ha tomado una dimensión propositiva y constructiva. El principio de no represión de las protestas sociales ha puesto en juego la capacidad creativa de nuestros funcionarios.

Descartada la represión y la violencia, la negación del Otro y de sus necesidades (el niguneo), la expulsión… ¿Qué es lo que queda? Queda muy poco (de lo conocido). Hay que crearlo casi todo. Lo dijo Garré: es mucho más complejo no reprimir que reprimir. Exige un trabajo extra. Entramos aquí a “la apuesta al riesgo”. La apuesta al riesgo quiere decir que las cosas pueden salir mal (muy mal, teniendo en cuenta que los otros jugadores son Macri y Duhalde ofreciendo “orden”), pero hay que arriesgarse, hay que confiar en nuestra frase de cabecera, porque si la elegimos como faro, por algo es (me pregunto si en estos “nuevos tiempos” –que están exigiendo mayor responsabilidad y capacidad de respuesta de todos- la confianza no se genera más con acciones y decisiones coherentes con las ideas que proclamamos, que llamando a creer en las personas, cuyas motivaciones son siempre insondables y misteriosas).

¿Qué es lo que da a luz nuestra frase de cabecera? Ya no se trata solamente de no reprimir, se trata de crear un Ministerio de Seguridad, se trata de poner al frente a Nilda Garré, o lo que es lo mismo, a una mujer (¡qué "potencia instituyente" enorme tiene la presencia de mujeres en los ministerios y cargos de responsabilidad política, incluida la Justicia!, ¡cómo me gustaría verlas a todas en el balcón el 8 de marzo!), militante comprometida con la democracia y los derechos humanos, se trata de depurar a la Policía Federal y hacerla depender políticamente del Gobierno, se trata de censar a la gente que ocupaba el Indoamericano (pasan a ser personas con nombre y apellido y necesidades propias), se trata de que en forma inédita la Justicia (o mejor, la jueza Liberatori y el juez Rafecas, y antes, en el caso de Mariano Ferreyra, la jueza López y la fiscal Caamaño) no se desentiende de las consecuencias sociales ni del contexto político de las medidas que debe tomar, se trata de tener las agallas y la capacidad para descubrir, desarmar y denunciar el delito (la trama mafiosa que se esconde por detrás de las necesidades de la gente). Y más…

Este es un acto creativo en toda su expresión. De la “nada” surge algo nuevo. Las posibilidades de nuestra frase de cabecera son infinitas. Las intuíamos, pero no nos atrevimos a imaginarlas. Las dificultades propias de estar insertos históricamente en una cultura de la represión nos obstaculizaba imaginar lo que venía después de la no represión. ¿Cuáles son esos obstáculos? El miedo a lo desconocido, la falta de entrenamiento de la capacidad creativa, la percepción de que el Otro, en su desnudez, representa una amenaza, la costumbre de poner en práctica recetas antiguas (son recetas antiguas aun las que siempre considerábamos progresistas, cuando servían como actos de resistencia, si ahora no sirven como actos propositivos), las frustraciones que llevamos encima cada vez que hemos apostado a algo nuevo, la tentación de creer que los conflictos se resuelven apretando la tecla "Delete" para borrar del mapa a los mensajeros.

El acto creativo (la respuesta no estereotipada) es una necesidad que nos impone este “nuevo tiempo”. Y es una necesidad también la capacidad anticipatoria. No se trata de hacer “futurismo”. Se trata de que si nos contentamos con comentar las noticias de los diarios, siempre vamos a ir por detrás de los hechos.

El acto creativo es una decisión política (una toma de posición). Me animo a decir que el acto creativo potencia la capacidad anticipatoria. Solo produciendo y creando con “osadía y firmeza”, en nuestro propio seno (como singularidad, como grupo y como sociedad), en “la activa e inquieta coexistencia de los diverso y heterogéneo”, podemos ir un paso más allá, crecer, experimentar en carne propia lo que significan en forma real y concreta las ideas bajo las cuales nos embanderamos (¿qué significa no reprimir? ¿qué significa escuchar? ¿qué significa respetar al Otro? ¿qué significa “federalismo”?). Entonces quizá podamos adelantarnos con nuestros análisis y propuestas. “Es mucho, es complejo y es arduo”, pero es nuestra tarea.

“Ahí”, donde comienza la desnudez del Otro, pueden florecer mil flores.



Isabel de Gracia

29 de diciembre de 2010


*  del trabajo de Natalia Esponda difundido por bondi-local@gruposyahoo.com.ar y publicado en www.revistacartaabiertalaplata.blogspot.com

sábado, 6 de noviembre de 2010

NESTOR KIRCHNER 1950-2010


Tapa de Pagina12 del 28-10-2010

Día del Censo

Hoy 27 de octubre de 2010 Néstor se excluyó del censo, días antes se había autoexcluido de la provincia de Buenos Aires al cambiar su domicilio. Señales, anticipación, vaya a saber que designios imponderables en su espíritu apasionado, lleno de utopías y a veces “políticamente incorrecto”.-




Su voz sonora y ceceosa, su mirada divergente y curiosa, su pensamiento y palabras coherentes dirigidas y encaminadas sin vacilaciones ni retrocesos a donde toda una generación lo había soñado.-



Néstor restituyó de contenido a las palabras. Néstor produjo hechos en beneficio de la patria, y como decía aquel filósofo que “…los hombres son sus actos…” pudo detener la caída vertiginosa de todo un país luego del cataclismo del 2001, caída que había comenzado varias décadas atrás sin solución de continuidad.-



También supo sacar del ostracismo a la generación perdida en los 70 rescatando de la misma los mejores valores y proyectos, solidaridad, fraternidad, igualdad en libertad. Comenzaba a sacudir la modorra de la juventud de los 90 y generaba el impulso creador de la participación social.



Logró la recuperación de la centralidad del Estado, dando prestigio a instituciones depreciadas como el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y la Justicia.



Néstor contribuyó a desbrozar la paja del trigo en una sociedad apática , demostrando que no hay misterios ni abstracciones que “Mercado”, “Opinión Pública”, “la gente” son hombres de carne y hueso, son intereses poderosos, son corporaciones y nos devolvió la confianza en que había caminos posibles para la igualdad en sociedades complejas y aun globales.-



Su fortaleza, su empeño en no reconocer vallas, permitió recuperar la confianza en que nuestro país aun podía resucitar de las cenizas a que nos habían reducido truhanes, facilitadores y mediadores. Pero también en ese ímpetu, en esa pasión se le fue la vida,



Por eso estoy hoy tan apesadumbrada,

Mónica Sanchez Distasio

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Si robaran el mapa del país de los sueños

Siempre queda el camino que te late por dentro

de una canción de Rosana
Lo que iluminó la muerte

En un primer momento la terrible noticia me atacó por todos los frentes: la pérdida del conductor político, la interrupción del proyecto cuando empezaba a querer consolidarse, la frustración, la pérdida del compañero de vida y de militancia para Cristina, la soledad de Cristina (insoportable imaginarla!). Y el más sensible, quizá porque me llevaba a un rincón oscuro: las Madres sufriendo otra vez. No había derecho. Nunca pienso en la muerte como una injusticia, pero esta vez lo pensé. Envuelta en una visión fatalista de la historia, escuché a Hebe, a Estela, a Tati Almeida y se me desgarró el corazón.

Pero luego ocurrió la plaza.

Frente a la virtualidad de la cultura mediática, de pronto un hecho que viene de la más pura y dura realidad nos saca de los goznes. Entrenada en la desarticulación de lo mediático y por instinto, enseguida empecé a chequear: ¿estoy actuando mi dolor? No ¿Está actuando la presidenta? No ¿Están actuando los ministros y las personas que la rodean? No ¿Están actuando las miles de personas que se acercan a la plaza? No ¿Están actuando los que pasan delante del féretro y le gritan ¡Fuerza Cristina!? No (aunque me atrevo a preguntar si hacia el final, cuando ya la escena estaba íntegramente mediatizada por la TV, no se percibió algo de esa cultura que transforma a las personas en “gente que piensa pensada y habla hablada por la televisión”).

El alivio es inmenso: la plaza es un hecho real. Un hecho real con una potencia arrolladora. Auténtico, genuino, espontáneo. La única forma de preservarlo así, con ese poder, es en la memoria de nuestras cabezas y nuestros corazones. Porque los medios ya han empezado a bastardearlo, es decir, a fagocitarlo y devolverlo masticado y digerido a su medida de show, de anécdota, de banalidad, de olvido. Primero, frente a la inapelable plaza, cambiaron el discurso sin ningún tipo de autocrítica o advertencia al espectador. Ahora Kirchner era el estadista, el conductor, el animal político, el hombre con principios e ideales que defendió hasta la muerte. Luego empieza la trivialización: los mozos que nos conmovieron, el maravilloso tenor, el fotógrafo que tomó esa foto única que da la vuelta al mundo (con intencionalidad Clarín y La Nación la pusieron en sus tapas para marcar la soledad de la Presidenta) dan entrevistas y cuentan por televisión detalles insignificantes, vacíos de todo valor, carentes de todo contenido político (cuánta azúcar le ponía Kirchner al café, con quien aprendió a cantar el tenor). El sábado, acá no ha ocurrido nada: de nuevo ese programa parásito de otro programa infame y “Pasión de sábado” con el casting de bailarinas.

Pero nosotros estuvimos ahí y sabemos lo que pasó. Frente a la liviandad, el peso específico propio de un hecho extraordinario: el pueblo en las calles despidiendo a Néstor y apoyando a la Presidenta. Frente al olvido y la tergiversación, la memoria y la reflexión, como siempre.

A veces las posiciones se iluminan retrospectivamente. ¿De qué lado estábamos cuando nos sorprendió la muerte de Kirchner? ¿De qué lado nos deja parados esta plaza colmada? Palabras, discursos, estrategias que se mantenían en un estado de “interpretabilidad” –por lo menos para algunos- de pronto se inundan de un sentido inapelable. La muerte y la plaza han iluminado todo: ¿en qué lugar quedó la posición de cierta centroizquierda e izquierda, la construcción de la figura de Kirchner realizada por los medios, el discurso deslegitimador compulsivo de la oposición? ¿Quién podría ahora, seriamente, decir que la visión política de Kirchner era falsa, incomprendida, antipopular, equivocada? Tendrán que dar un salto de calidad y sinceridad argumental si quieren ser escuchados de nuevo en el futuro, pero lo cierto es que ya nunca podrán desagraviar el significado histórico de su egoísta oposición porque quien era el destinatario de tan mezquinas estrategias ha muerto.

Pero además esta muerte y esta plaza iluminan los resquicios, los lugares a los que llegábamos sólo intuitivamente o con el deseo: sí, éramos muchos; sí, estaba la juventud; sí, había mucha gente agradecida; sí, Néstor y Cristina nos habían tocado una fibra muy íntima. Como dijo una periodista: cada uno tenía su máquina de coser. Una variedad de mecanismos lo habían hecho posible: la identificación con un tipo “parecido a nosotros”, el reconocimiento, la reparación, la dignificación como personas, como argentinos.

Y la muerte iluminó también lo que eran como pareja: un equipo. ¿Por qué costó tanto entender –y defender- esta forma de ser y actuar? Quizá acostumbrada al personalismo del poder, en una sociedad todavía machista, me costaba reivindicar, por miedo a caer en un defecto u otro, lo que tenía de creativo, de solidario, de colectivo, esta forma de ser pareja, de hacer política, de enfrentar el mundo. Compañeros de toda la vida, compañeros de militancia. Esta marca registrada de los Kirchner ilumina también la coherencia, la capacidad de superar diferencias, la habilidad para pararse frente a las circunstancias, de caminar juntos detrás de algo trascendente. Y también que el amor es posible, y no se alimenta de la resignación y la rutina. Entonces, no hay por qué esperar que ese pacto no siga luego de la muerte. Porque resulta imposible imaginar que no hay un acuerdo entre ellos sobre la dirección que deben tener los próximos pasos de Cristina (y aun de los ya dados desde el momento de la muerte!).

Porque Cristina ya está haciendo política. Ni hablar de su fortaleza, de su actitud, de cómo resolvió las cosas. Como todos los que hemos pasado “cierta edad” no me impresiono fácilmente. Pero Cristina me rindió.

Derribando el mito de la inseguridad, del “aluvión”, del aislamiento del poder, del muro, de que mucha gente reunida es peligrosa, de que los gobernantes son intocables, de que los espacios oficiales tienen acceso restringido, de que el protocolo manda, de que la expresión popular es risible o ridícula, de que el tiempo es tirano, ella no tuvo miedo. Se dejó tocar, acariciar, besar. Le cantaron, le hablaron, le gritaron. Le dijeron cosas a ella, a Néstor, a todos los que la rodeaban (¡cuidenla, compañeros!). Le entregaron recuerdos y regalos. Los aplaudieron. Hubo un vaso comunicante inmenso entre su dolor y el amor de la gente, pero un vaso comunicante abierto no por azar del destino, sino por su propio corazón y capacidad de decisión. Sin ningún tipo de mezquindades o restricciones (solo la más inteligente: nada de fotos, no virtualicemos). Su decisión política legitimó a los que fueron a expresarse. El gesto se repitió durante el cortejo: la presidenta se bajó del auto y le pidió a un policía que no forcejeara con una persona que se quería acercar. Cuántas veces pensé durante ese trayecto que la gente iba a volcar el auto o que el cajón iba a salir disparado. Pero no pasó nada malo. No iba a pasar nada malo.

Queridas Madres, querida Cristina, estos días demostraron que no estamos igual que en aquellos oscuros tiempos, que hay una conciencia popular que las acompaña y que con trabajo se puede transformar en capital político. Allí estaré para intentarlo desde esta inesperada militancia, redoblando el compromiso junto con mis compañeros.

Afectuosamente

Una compañera de Carta Abierta La Plata Berisso y Ensenada