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CARTA ABIERTA LA PLATA BERISSO Y ENSENADA se reúne miércoles por medio a las 19:30hs y sábados por medio a las 10:30hs en el Salón de la Presidencia primer piso del Pje. Dardo Rocha, 50 e/6 y 7, La Plata.
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lunes, 2 de mayo de 2011

DE LA LIMPIEZA TELEVISIVA A LA CONSTRUCCIÓN POLÍTICA (¿Quieres hacer el favor de acompañarme, por favor?)*


“No veo razón para que no podamos hablar de ello si queremos hacerlo”


¿La obsesión por la limpieza puede convertirse en tema de debate público o debemos dejarla que se explaye a sus anchas exclusivamente dentro del mundo privado de las personas?

Me gustaría desenredar el ovillo de las publicidades televisivas de productos de limpieza (1) para ver si este tema puede traerse a la superficie sin entrar a juzgar psicologías o rasgos de personalidad.

Con el primer hilo sale una larga tira de palabras: aroma, perfume, rosas, fragancia, pino, marina, brillo, limpio, mariposas, lavanda, blanco, lustre, orden, y luego otras que aparecen contrapuestas y que no suenan tan bien: bacterias, barro, gérmenes, mancha, tierra, suciedad, sarro, desorden....detrás vienen, como figuritas de una guirnalda de papel, todas de la mano, madres, hijas, abuelas, nietas, amigas (muchas de ellas compitiendo entre sí), actrices (alguien debía encarnar esos personajes), actores conocidos (actúan de entrevistadores), odontólogos “reales”, algún nutricionista, un dibujo animado de un superhéroe en calzas anaranjadas.

Estamos en el siglo XXI... ¿tan precaria es nuestra (de mujeres y hombres) conciencia de género que las empresas siguen intentando vender exacerbando la imagen de las mujeres dedicadas a la limpieza obsesiva de la casa? No basta ya que las mujeres limpien, parecen decir estas publicidades, ahora deben eliminar gérmenes, bacterias, enfermedades. Ahora está en juego la salud. Ya no somos simples amas de casa, somos guardianas de la salud, nos han ascendido. Se aprecia el esfuerzo discursivo de las agencias de publicidad. La mujer común ya no sería tan fácil de seducir, ahora hay que crear -como los escritores que crean a sus propios lectores- la imagen de la nueva mujer que consuma la infinita variedad de productos de limpieza que hay en el mercado: esa es la mujer maniática. No se la llamará así, sino que se la mostrará como la mujer que cuida la salud de los suyos, que se preocupa por su marido y sus hijos, la mujer treintañera (no es una mujer antigua en lo que a edad se refiere) que "sabe" como se contagian las enfermedades y como evitarlas. Transmitido de generación en generación (de mujeres, según las publicidades), gracias a los conocimientos con los que nos ilumina un superhéroe dibujado o un actor multifunción (varón) el mensaje sigue siendo el mismo: el trabajo sucio nos sigue tocando a las mujeres. Cualquier persona que haya sentido vergüenza al ver estas publicidades puede dar fe de que son una forma de la violencia de género. Una forma que antecede a la violencia física. Porque la violencia física no nace de un repollo.

“¿Cómo debía actuar un hombre, dadas las circunstancias?”

Y entonces empiezo a tirar del segundo hilo, aunque me tiemble un poco la mano, porque parece que lo que está debajo es más pesado, o mejor, tiene efectos más expansivos. Lo primero que aparece es el nudo de la naturalización del engaño: convengamos que no es necesaria una batería de productos especiales para cubrir las necesidades de limpieza. Naturalización del engaño desde los dos lugares: desde el engañador y desde el engañado. Ambos aceptamos –un poco más o un poco menos- la mentira como verdad. Quizá esto funcione como presupuesto de lo que sigue.

Porque sigo desenrollando el hilo y aparece una pregunta: ¿qué es lo que molesta en estas publicidades? ¿Que aparezcan mujeres y hombres en roles estereotipados o que se le dé tanta importancia a la limpieza? Las dos cosas. La verdad es que no me gustaría ver las mismas propagandas “protagonizadas” por hombres. Y entonces llegamos al segundo nudo de este hilo: ¿qué modelo de persona (no ya de mujer) instauran estas publicidades? ¿Una persona que limpia tanto y tan a fondo puede ocuparse de otras cosas? ¿Le queda tiempo material o mental para interesarse por algo creativo o trascendente, por lo que les pasa a los demás, por cómo va marchando el mundo? Cualquiera sabe (y aquí viene de nuevo la mentira consentida y su uso para reforzar el rol estereotipado de las mujeres sin que se note tanto) que un trabajo tan duro como la limpieza no puede hacerse sin esfuerzo, que no es verdad que podamos dejar todo limpio en un segundo (que lo diga sino el cuerpo de las empleadas domésticas, todas mujeres). En realidad son muy pocas las cosas que pueden hacerse sin esfuerzo. Y el esfuerzo ocupa tiempo y energía. Y más si el ideal propuesto resulta inalcanzable.

Entonces me pregunto: si por una operación mental sacáramos a hombres y mujeres del lugar del modelo de la limpieza extrema que proponen estas propagandas, ¿como se llenaría ese vacío? A mi modo de ver ese es un vacío saludable, porque no se trata de un vacío de amor, de ternura, de contención hacia los demás (vacío que en todo caso -volviendo al primer hilo - sería muy grave si solo pudiera ser llenado por las mujeres) sino de un vacío generador, productivo, creativo. Bienvenido ese vacío. Es el vacío que le deja tiempo al/a consumidor/a para que se convierta en ciudadano/a.

“En determinado instante alzó los ojos y miró la cara de los jugadores. Se preguntó si alguna vez le habría sucedido a alguno de ellos lo mismo que a él”

Y de pronto me encuentro con el tercer nudo de este hilo: ¿qué significado tiene salvaguardar “a los nuestros” del más mínimo riesgo, por ejemplo, de algo tan hermoso y clásico, que nunca nos trajo problemas, como jugar con un perro? ¿A dónde ponemos a los demás en esta ecuación? ¿Por qué estas publicidades muestran el adentro y el afuera, lo familiar y lo desconocido, lo "propio" y lo "ajeno", el entretenimiento aséptico y el juego con contacto, la seguridad y la libertad, como términos confrontados, donde el primero representa a la salud y el segundo a la enfermedad? ¿En qué medida estas propagandas no refuerzan el discurso del miedo, del otro como enemigo, del control, del aislamiento, la desconfianza y el individualismo?

El "género atraviesa" decimos en la Revista de Carta Abierta La Plata (www.revistacartaabiertalaplata.blogspot.com). El discurso que descalifica a las mujeres no apunta solamente a las mujeres. Extranjeros, inmigrantes, pobres, presos, niños en conflicto con la ley, minorías, pensamientos alternativos, jóvenes, varones que no responden al estereotipo masculino, todos los que, por un motivo u otro, están en algún momento del otro lado del vidrio impecable, pueden ser peligrosos.

“…abre la puerta, por favor- dijo ella” (2)

Pero ¿qué pasa cuando el vidrio se rompe o la puerta se abre? ¿Qué pasa cuando por fin hablamos? ¿Van a pedirnos por favor que nos callemos porque lo que tenemos para decir es insoportable?

¿Alguien escucha a las mujeres hablando desde su dolor? ¿Cómo se hace para que nuestras voces sean tomadas por los demás? ¿Cómo se hace para ser escuchadas, no como se oye llover? ¿Están condenados los discursos de género a ser divulgados desde los suplementos especiales de los diarios y las Comisiones especiales de los grupos e Instituciones?

Y las mujeres sólo somos un Otro. ¿Cómo se hace para incluir a los muchos Otros en nuestra visión del mundo? ¿Es aquí cuando el hilo se enreda definitivamente?

La Presidenta ha dicho que sola no puede. Ha llamado a trabajar desde la diversidad. Nuestra Carta Abierta VIII habla de la "convivencia de lo diverso". Pero lo diverso no es solamente el inmigrante extranjero. Nos encontramos continuamente con la expresión de lo diferente aun en grupos pequeños con afinidad ideológica. Lo diferente es una manera cansina o demasiado vehemente de hablar, el énfasis que pone un compañero en cuestiones sin importancia para otro, tener o no tener una historia militante, las interpretaciones divergentes de la realidad, lo que alguien considera oportuno y el otro desubicado, las interioridades personales con todas sus infinitas expresiones, la voz fresca de la juventud o la experimentada de la mayor edad, el compañero que en su discurso y sus actitudes ignora las cuestiones de género y el que las incluye. Desde allí hay que partir, desde lo más finito, desde lo más básico, desde lo que nos toca todos los días. Quisiera pensar que no se trata solo de un ejercicio de tolerancia, porque esto tendría un alcance meramente cosmético. Creo que no podemos saltear el paso de construir políticamente desde nosotros mismos, si queremos que los cambios se profundicen, que se institucionalicen las transformaciones, como dijo la Presidenta en el discurso de Huracán.

En estos días hemos visto como la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) ha rechazado por 40 votos contra 6 (números que constituyen prueba por sí mismos) la aplicación del cupo femenino en sus listas electorales. Han dicho que las mujeres llegarán "naturalmente" a los cargos representativos, porque son más cantidad en el padrón. Hemos visto jueces que han reducido penas de abuso sexual por la condición social de las niñas abusadas, que estarían “acostumbradas” a tener relaciones sexuales desde pequeñas. Hemos visto repetirse como un sueño espantoso traído desde el fondo de la historia la imagen sacrificial de la mujer incendiada.

También hemos visto a hombres creativos militando en contra de la violencia de género y llamando a otros hombres a sumarse (gracias).

No hay modo de "escuchar las voces" de los Otros si tenemos una visión normalizadora del statu quo. Porque en esa naturalización el experimentado se sigue imponiendo al tímido, el veterano al joven, las mayorías dominantes a las minorías, las costumbres patriarcales a las que quieren abrirse camino desde la igualdad.

Esa gran transformación que los tiempos políticos nos están pidiendo, para no encontrarnos al final del camino, otra vez, con “más de lo mismo”, no sería posible sin una mirada cuestionadora, liberada de miedos, si se quiere irreverente, que desadormezca ya no solo las naturalizaciones conocidas y que hemos combatido históricamente, sino aquellas que conmueven nuestras propias certezas.

Una mirada superadora que sea capaz de unir y sintetizar en un mismo acto creativo el apoyo y la crítica (apoyocrítico), el discurso y la acción, lo nuestro y lo ajeno, la libertad y la seguridad, las necesidades reales (no las televisivas) de las mujeres y los hombres.

Isabel de Gracia
La Plata, 27 de abril de 2011.

(*) con el aporte del intercambio generado en el grupo bondi-local@gruposyahoo.com.ar
(1) aromatizantes, desinfectantes, desodorantes, suavizantes, desengrasantes, jabones en polvo, detergentes, quitamanchas, lavandinas, insecticidas, líquidos para pisos, ceras, blanqueadores, abrillantadores, abrasivos… en todas sus variedades comerciales: líquido, gel, pasta, crema, aerosol, dispositivos a presión, de pared, adhesivos, productos concentrados, disueltos, con aromas, sin olor, antialérgicos, para adultos, para niños, para bebés, para todos los días, para ocasiones, para ropa de lana, de algodón, blanca, de color, negra, de fiesta, interior, para superficies de madera, de metal, de cuero, de vidrio,... o incluso para aplicar sobre nuestro propio cuerpo (cremas dentales, enjuagues bucales, aguas minerales que eliminan toxinas, preparados lácteos cuasilaxantes o anticolesterol, …).
(2) Los epígrafes los tomé del relato de Raymond Carver, “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?”















martes, 8 de febrero de 2011

LA HERRAMIENTA MEDIÁTICA Y LA TRANSFORMACIÓN CULTURAL

Por Santiago Coco Plaza (Colaborador invitado)



Posiblemente, hoy en día se presenta como reiterativo enmarcar los lineamientos influyentes en la cultura de nuestro pueblo a través de acciones y reacciones emanadas desde la oligarquía nativa, las corporaciones, el stablishment y sus intereses de sector. Pero vale la pena insistir. Sencillamente, porque estamos viviendo el momento ideal de exponer con responsabilidad las verdades otrora ocultas, ante una sociedad que va absorbiendo lentamente un cambio de paradigma que transforma nuestra cultura, de la aguda intencionalidad de estos factores de poder y desde dónde ejercen su fortaleza.



En estos momentos, estamos ante una sociedad que se abre de a poco a este cambio, debido a las influencias políticas de coyuntura de este proyecto nacional que impone un modelo de país diferente. Una sociedad que es capaz de asimilar y penetrar en el debate a fondo de las cuentas pendientes, originadas en el atavismo de las imposiciones del poder, que esclavizó siempre sobre el campo de las ideas para sujetar al pueblo a que sea fiel a sus conocidos intereses.



El espíritu histórico mitrista liberal, insistió durante más de un siglo con el centrismo unitario bueno y civilizado y la docencia de las Graham de Sarmiento, contra lo maligno antipatria del federalismo con su indiada y los gauchos brutos de la barbarie, señalaban, entre otros avatares históricos, que eran los componentes que se brindaban para entender e impulsar los avances de una nación.



En este emblemático contexto histórico, se movilizaron también fraudes electorales, golpes de estado sangrientos y “gloriosas” campañas del desierto, intoxicando culturalmente al colectivo y sometiéndolo desde allí a los designios propicios a sus intereses del status quo atribuido.

Esto, antes era irremediablemente aceptado culturalmente por los habitantes de la Nación.



Pasan las épocas y los métodos se ajustan a los tiempos.

Con nuevas técnicas de sistemas en los sufragios, juntas electorales reguladoras y sumándole un celoso despertar al alerta por la madurez política ciudadana se imposibilita el fraude electoral. Los cuarteles no abren las puertas al golpeteo oligárquico, las políticas de Estado encasillan a las FFAA en su función específica. Las relaciones de fuerza en el sistema democrático se reacomodan.

Por otra parte vemos la vertiente de cambios en el contexto histórico. Basta ver la notable recepción masiva de la reivindicación histórica protagonizada por la Presidenta Cristina Fernández en el último festejo recordatorio de la Vuelta de Obligado; tomado antes como una fecha más de tantas en la instrucción de los educandos. O el perdón oficial a la República del Paraguay por una guerra históricamente aberrante en los principios éticos sobre la fraternidad humana; observando el causal y el efecto.



En estos momentos son los medios de comunicación el recurso válido que hace subordinar los aspectos culturales al discurso único en los mensajes de comunicación masiva.



Para comprender mejor a lo que me refiero, me remito al compañero Nicolás Casullo cuando decía que a través de los medios concentrados, se asiste diariamente a la desmembración ideológica de lo democrático, desde la absoluta irresponsabilidad de los dueños del mensaje, una suerte de aquelarre mediático disolvente de todo valor, y donde no existe propuesta alternativa, ni referente, ni el menor asombro ante cualquier cosa: estadio social plausible de ser simbolizado con la pregunta. Por ejemplo, cuando Marcelo Bonelli inicia su entrevista con Elisa Carrió en TN: ¿Y Dra. El gobierno sigue robando?



Ahora, los medios hegemónicos de comunicación imponen su bestial “diagrama institucional” bajo una horma de mercado que hoy reina soberana. Implantan su matríz de acuerdo a su programación emisora, su valor de lo que sería democracia, la virtud de un votante apolítico que en realidad no debe saber siquiera a quienes elige cuando elige, porque debería votar átomos “libres” de compromisos partidarios.



En pocas palabras, se sostienen los monopolios del discurso único por el establisment, que obviamente aprovecha el respeto cultural que el periodismo había acumulado a lo largo de los años de su historia. Esto es clave, por cuanto de esta manera se va ajustando al paradigma cultural que más le conviene a las corporaciones.



Pero a esto me remito en estos renglones. Asistimos a otro escenario coyuntural, donde el eje del paradigma cultural se va transformando políticamente. Somos observadores y protagonistas de cómo lentamente el “sapito” a tragarse del mensaje hegemónico va dejando de ser en el contexto pluriclasista de la ciudadanía toda. Paulatinamente hay un despertar en el colectivo social.





A medida que avance la implementación de la nueva Ley de Medios, con la pluralidad de voces a ser escuchadas, la vertiente incontenible de información a través de las redes sociales del ciber espacio y la politización de la masa social, se asocia el despertar al cambio de paradigma cultural a que nos referimos. Las “verdades virtuales” prefabricadas por los oligopolios mediáticos declinan ante el incontenible avance del esclarecimiento de la conciencia del pueblo en su conjunto. Estamos ante la transformación cultural que los argentinos nos merecemos … ¿Y porqué no la región?






sábado, 6 de noviembre de 2010

NESTOR KIRCHNER 1950-2010


Tapa de Pagina12 del 28-10-2010

Día del Censo

Hoy 27 de octubre de 2010 Néstor se excluyó del censo, días antes se había autoexcluido de la provincia de Buenos Aires al cambiar su domicilio. Señales, anticipación, vaya a saber que designios imponderables en su espíritu apasionado, lleno de utopías y a veces “políticamente incorrecto”.-




Su voz sonora y ceceosa, su mirada divergente y curiosa, su pensamiento y palabras coherentes dirigidas y encaminadas sin vacilaciones ni retrocesos a donde toda una generación lo había soñado.-



Néstor restituyó de contenido a las palabras. Néstor produjo hechos en beneficio de la patria, y como decía aquel filósofo que “…los hombres son sus actos…” pudo detener la caída vertiginosa de todo un país luego del cataclismo del 2001, caída que había comenzado varias décadas atrás sin solución de continuidad.-



También supo sacar del ostracismo a la generación perdida en los 70 rescatando de la misma los mejores valores y proyectos, solidaridad, fraternidad, igualdad en libertad. Comenzaba a sacudir la modorra de la juventud de los 90 y generaba el impulso creador de la participación social.



Logró la recuperación de la centralidad del Estado, dando prestigio a instituciones depreciadas como el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y la Justicia.



Néstor contribuyó a desbrozar la paja del trigo en una sociedad apática , demostrando que no hay misterios ni abstracciones que “Mercado”, “Opinión Pública”, “la gente” son hombres de carne y hueso, son intereses poderosos, son corporaciones y nos devolvió la confianza en que había caminos posibles para la igualdad en sociedades complejas y aun globales.-



Su fortaleza, su empeño en no reconocer vallas, permitió recuperar la confianza en que nuestro país aun podía resucitar de las cenizas a que nos habían reducido truhanes, facilitadores y mediadores. Pero también en ese ímpetu, en esa pasión se le fue la vida,



Por eso estoy hoy tan apesadumbrada,

Mónica Sanchez Distasio

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Si robaran el mapa del país de los sueños

Siempre queda el camino que te late por dentro

de una canción de Rosana
Lo que iluminó la muerte

En un primer momento la terrible noticia me atacó por todos los frentes: la pérdida del conductor político, la interrupción del proyecto cuando empezaba a querer consolidarse, la frustración, la pérdida del compañero de vida y de militancia para Cristina, la soledad de Cristina (insoportable imaginarla!). Y el más sensible, quizá porque me llevaba a un rincón oscuro: las Madres sufriendo otra vez. No había derecho. Nunca pienso en la muerte como una injusticia, pero esta vez lo pensé. Envuelta en una visión fatalista de la historia, escuché a Hebe, a Estela, a Tati Almeida y se me desgarró el corazón.

Pero luego ocurrió la plaza.

Frente a la virtualidad de la cultura mediática, de pronto un hecho que viene de la más pura y dura realidad nos saca de los goznes. Entrenada en la desarticulación de lo mediático y por instinto, enseguida empecé a chequear: ¿estoy actuando mi dolor? No ¿Está actuando la presidenta? No ¿Están actuando los ministros y las personas que la rodean? No ¿Están actuando las miles de personas que se acercan a la plaza? No ¿Están actuando los que pasan delante del féretro y le gritan ¡Fuerza Cristina!? No (aunque me atrevo a preguntar si hacia el final, cuando ya la escena estaba íntegramente mediatizada por la TV, no se percibió algo de esa cultura que transforma a las personas en “gente que piensa pensada y habla hablada por la televisión”).

El alivio es inmenso: la plaza es un hecho real. Un hecho real con una potencia arrolladora. Auténtico, genuino, espontáneo. La única forma de preservarlo así, con ese poder, es en la memoria de nuestras cabezas y nuestros corazones. Porque los medios ya han empezado a bastardearlo, es decir, a fagocitarlo y devolverlo masticado y digerido a su medida de show, de anécdota, de banalidad, de olvido. Primero, frente a la inapelable plaza, cambiaron el discurso sin ningún tipo de autocrítica o advertencia al espectador. Ahora Kirchner era el estadista, el conductor, el animal político, el hombre con principios e ideales que defendió hasta la muerte. Luego empieza la trivialización: los mozos que nos conmovieron, el maravilloso tenor, el fotógrafo que tomó esa foto única que da la vuelta al mundo (con intencionalidad Clarín y La Nación la pusieron en sus tapas para marcar la soledad de la Presidenta) dan entrevistas y cuentan por televisión detalles insignificantes, vacíos de todo valor, carentes de todo contenido político (cuánta azúcar le ponía Kirchner al café, con quien aprendió a cantar el tenor). El sábado, acá no ha ocurrido nada: de nuevo ese programa parásito de otro programa infame y “Pasión de sábado” con el casting de bailarinas.

Pero nosotros estuvimos ahí y sabemos lo que pasó. Frente a la liviandad, el peso específico propio de un hecho extraordinario: el pueblo en las calles despidiendo a Néstor y apoyando a la Presidenta. Frente al olvido y la tergiversación, la memoria y la reflexión, como siempre.

A veces las posiciones se iluminan retrospectivamente. ¿De qué lado estábamos cuando nos sorprendió la muerte de Kirchner? ¿De qué lado nos deja parados esta plaza colmada? Palabras, discursos, estrategias que se mantenían en un estado de “interpretabilidad” –por lo menos para algunos- de pronto se inundan de un sentido inapelable. La muerte y la plaza han iluminado todo: ¿en qué lugar quedó la posición de cierta centroizquierda e izquierda, la construcción de la figura de Kirchner realizada por los medios, el discurso deslegitimador compulsivo de la oposición? ¿Quién podría ahora, seriamente, decir que la visión política de Kirchner era falsa, incomprendida, antipopular, equivocada? Tendrán que dar un salto de calidad y sinceridad argumental si quieren ser escuchados de nuevo en el futuro, pero lo cierto es que ya nunca podrán desagraviar el significado histórico de su egoísta oposición porque quien era el destinatario de tan mezquinas estrategias ha muerto.

Pero además esta muerte y esta plaza iluminan los resquicios, los lugares a los que llegábamos sólo intuitivamente o con el deseo: sí, éramos muchos; sí, estaba la juventud; sí, había mucha gente agradecida; sí, Néstor y Cristina nos habían tocado una fibra muy íntima. Como dijo una periodista: cada uno tenía su máquina de coser. Una variedad de mecanismos lo habían hecho posible: la identificación con un tipo “parecido a nosotros”, el reconocimiento, la reparación, la dignificación como personas, como argentinos.

Y la muerte iluminó también lo que eran como pareja: un equipo. ¿Por qué costó tanto entender –y defender- esta forma de ser y actuar? Quizá acostumbrada al personalismo del poder, en una sociedad todavía machista, me costaba reivindicar, por miedo a caer en un defecto u otro, lo que tenía de creativo, de solidario, de colectivo, esta forma de ser pareja, de hacer política, de enfrentar el mundo. Compañeros de toda la vida, compañeros de militancia. Esta marca registrada de los Kirchner ilumina también la coherencia, la capacidad de superar diferencias, la habilidad para pararse frente a las circunstancias, de caminar juntos detrás de algo trascendente. Y también que el amor es posible, y no se alimenta de la resignación y la rutina. Entonces, no hay por qué esperar que ese pacto no siga luego de la muerte. Porque resulta imposible imaginar que no hay un acuerdo entre ellos sobre la dirección que deben tener los próximos pasos de Cristina (y aun de los ya dados desde el momento de la muerte!).

Porque Cristina ya está haciendo política. Ni hablar de su fortaleza, de su actitud, de cómo resolvió las cosas. Como todos los que hemos pasado “cierta edad” no me impresiono fácilmente. Pero Cristina me rindió.

Derribando el mito de la inseguridad, del “aluvión”, del aislamiento del poder, del muro, de que mucha gente reunida es peligrosa, de que los gobernantes son intocables, de que los espacios oficiales tienen acceso restringido, de que el protocolo manda, de que la expresión popular es risible o ridícula, de que el tiempo es tirano, ella no tuvo miedo. Se dejó tocar, acariciar, besar. Le cantaron, le hablaron, le gritaron. Le dijeron cosas a ella, a Néstor, a todos los que la rodeaban (¡cuidenla, compañeros!). Le entregaron recuerdos y regalos. Los aplaudieron. Hubo un vaso comunicante inmenso entre su dolor y el amor de la gente, pero un vaso comunicante abierto no por azar del destino, sino por su propio corazón y capacidad de decisión. Sin ningún tipo de mezquindades o restricciones (solo la más inteligente: nada de fotos, no virtualicemos). Su decisión política legitimó a los que fueron a expresarse. El gesto se repitió durante el cortejo: la presidenta se bajó del auto y le pidió a un policía que no forcejeara con una persona que se quería acercar. Cuántas veces pensé durante ese trayecto que la gente iba a volcar el auto o que el cajón iba a salir disparado. Pero no pasó nada malo. No iba a pasar nada malo.

Queridas Madres, querida Cristina, estos días demostraron que no estamos igual que en aquellos oscuros tiempos, que hay una conciencia popular que las acompaña y que con trabajo se puede transformar en capital político. Allí estaré para intentarlo desde esta inesperada militancia, redoblando el compromiso junto con mis compañeros.

Afectuosamente

Una compañera de Carta Abierta La Plata Berisso y Ensenada

viernes, 22 de octubre de 2010

JUICIO POR CRIMENES DE LESA HUMANIDAD EN LA UNIDAD 9. DERIVACIONES

“Yo creí estar muerta, y ahora vuelvo a tener esperanzas”



Elsa Oesterheld en la inauguración de la Feria del Libro de Francfort, 2010







El miércoles 13 de octubre, mientras el mundo seguía minuto a minuto el rescate de los mineros en Chile, unos cientos de personas nos juntamos en la Ex Amia para presenciar otra clase de renacimiento: el veredicto en el juicio por crímenes de lesa humanidad en la Unidad 9.





Luego del asesinato de Silvia Suppo en Rafaela y de las amenazas sufridas por testigos aquí en La Plata , Carta Abierta estuvo siguiendo el juicio y –frente a la evidencia de una sala semivacía- promoviendo la concurrencia de estudiantes y docentes de las Facultades de la UNLP. No solo porque pensábamos que la protección de los testigos requería de un apoyo y acompañamiento social, más que policial, sino porque considerábamos que se trataba de un hecho histórico y en gran medida inédito, que, desde nuestra visión, hace a la formación cultural, cívica y política que brinda una Universidad. Semana a semana, a través de la Revista virtual de Carta, se mantuvo informadas a todas las Facultades de los avances de la causa, enviando notas periodísticas, reportes de la APDH y en ocasiones, artículos y comentarios derivados de la observación de las audiencias. Pretendimos también, a través de este mecanismo, resignificar responsablemente el uso de la tecnología, convocar a un arco más amplio de actores con capacidad de intervención y democratizar el acceso a las Instituciones. Esperamos que estas motivaciones hayan sido, sino compartidas, por lo menos comprendidas.





Todavía no nos atrevemos a imaginar la cantidad de consecuencias concretas de los juicios por crímenes de lesa humanidad. Las hay visibles, de gran poder simbólico, como que las instituciones del Estado sean capaces de poner fin a la impunidad, y que los culpables resulten castigados por la Justicia y el Derecho.



En este juicio en particular se ha condenado por primera vez a personas no-militares, incluidos tres médicos del servicio penitenciario. Entendemos que esto representa una posición de avanzada (con todo lo conflictivo que puede resultar, como dan cuenta las amenazas e incidentes posteriores a la sentencia) en la concepción de la responsabilidad por hechos de la dictadura, puesto que aquí no se está juzgando a un Videla ni a un Camps sino a personas que hasta hace poco tiempo caminaban por la calle, e incluso eran estimadas por la comunidad.



La sentencia que aplica condenas desde prisión perpetua, hasta trece años para los médicos, y manda a investigar a jueces que actuaron en esa época, pone en cuestión abruptamente esa imagen social y a nosotros nos coloca en un lugar de mayor responsabilidad (que exige afinar ideas y pensamientos) para profundizar en los mecanismos de encubrimiento y colaboraciones que hicieron posible tanto horror y facilitaron la impunidad por más de treinta años. Vale un ejemplo reciente de esa complicidad: cuando hacia el final del juicio se ordenó la detención de los médicos, el diario El Día no publicó la noticia.





Hay otro tipo de consecuencias, más directas: los jueces han denunciado las condiciones inhumanas de detención de la Unidad 9 en la actualidad, donde los calabozos de aislamiento y castigo no han variado desde la época de la dictadura. Por supuesto no hacía falta efectuar un reconocimiento judicial en un juicio por crímenes por lesa humanidad para observar cosas como éstas, pero es importante que se califique esas condiciones como tortura, que se remarque la persistencia desde aquella época, que se señale la relación de conexidad con la falta de juzgamiento de ese delito y que se ordene al Estado tomar participación activa para modificar la situación.





Pero paralelamente a estas consecuencias fácilmente observables percibimos infinidad de derivaciones, pequeños movimientos, sensaciones nuevas que podrían abrir fisuras en la subjetividad de las personas y la sociedad.



¿Cuántas visiones del mundo están atadas todavía al marco de percepción que adquirimos a la fuerza en esa época de horror de nuestro país? ¿En qué medida la construcción social/mediática de la “inseguridad”, del otro como enemigo, la desconfianza hacia el Estado, la aceptación acrítica de un discurso que no indaga ni analiza, la dificultad para asumirnos como sujetos políticos, la negación a reconstruir la memoria personal y colectiva no es un tributo al miedo adquirido en aquél momento, y revivido luego con la desaparición de Julio López, que todavía permanece impune?



El juicio ha permitido, por ejemplo, armar una historia que no se encuentra en los manuales ni es narrada por la televisión. Ha sido emocionante observar la reconstrucción, con mucho esfuerzo y afecto a pesar del tiempo transcurrido, de los detalles, gestos, rasgos personales, motivaciones, que le dan volumen a la existencia de cada uno de los presos políticos, de los muertos y desaparecidos, familiares, compañeros de militancia. También, a la par, se pudo ver como salían del anonimato sus represores, cómplices, encubridores y colaboradores, y sus lógicas de actuación y pensamiento. Y fue posible encontrar nuevos significados (más allá de la función jurídica) a la presencia en ese lugar de jueces, abogados, testigos, peritos, investigadores, integrantes de los organismos de Derechos Humanos, periodistas que cubrieron el juicio, estudiantes y concurrentes.



La sensación de poder contar/escuchar la Historia desde las propias palabras de quiénes fueron y somos parte de ella: un derecho que estamos recuperando, un túnel abierto, no hacia las entrañas de la tierra para rescatar a los mineros, sino hacia las entrañas de nuestro propio pasado, para rescatar lo que por tanto tiempo se mantuvo oculto y sacarlo a la luz.



Quizá por eso nos resuene con tanta fuerza la frase de Elsa Oesterheld: por una vez no nos sentimos del lado de la frustración, el miedo y la desesperanza, sino en un lugar nuevo.



Un lugar todavía en construcción, pero que intuimos mejor que lo de antes, a pesar de sus errores, contradicciones y cuentas pendientes. Así como los Derechos Humanos han tenido un desarrollo progresivo, que no hubiera sido posible sin un fuerte crecimiento de la conciencia en la sociedad civil, las luchas populares, la militancia de los Organismos, abogados, periodistas, movimientos sociales, artistas, y el acompañamiento de elaboraciones críticas, teóricas e intelectuales que avanzaron sobre lo conocido para desplegarse sobre lo que faltaba construir, este momento histórico de nuestro país reclama una participación análoga para que esas zonas de las políticas públicas todavía en definición se resuelvan a favor de la justicia social, la igualdad de oportunidades y una auténtica libertad.





Revista Carta Abierta La Plata Berisso Ensenada, octubre de 2010.