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jueves, 2 de diciembre de 2010

SOBRE LOS CUERPOS DE NESTOR Y CRISTINA


. Foto: NA / Na, Télam, Presidencia
Mucho se ha escrito y mucho se escribirá. La muerte de Néstor Kirchner. Su compañera, la Presidenta. El país.

La vida de Néstor Kirchner. Su compañera, la Presidenta. El país.

Hoy quiero escribir sobre eso, y rápidamente mi pensamiento y mi cuerpo, en pugna después de lo vivido y sufrido, se van hacia Spinoza (Baruch de Spinoza, 1632-1677), hacia su filosofía de la vida. Y otra vez me atrapa y me lleva. Entregado a todo lo que vendrá me dejo transportar por sus palabras y cada una de ellas me resuena y se me cuela, e inevitablemente mi mirada se dispone fuera de foco y pienso en Néstor Kirchner, su compañera, la Presidenta, mi país.

Pienso, cómo tomar esta muerte. Spinoza me diría: con potencia de vida.

Esa es la impresión que me daban y me dan Néstor Kirchner y Cristina Fernández. La de estar recorridos por la vida misma. Por una potencia que se homologa a la vida, una potencia positiva que rompe con todo lo que nos liga a la muerte.

Spinoza nos enseña que cuando un cuerpo compone con el nuestro, que conviene a nuestra naturaleza, nuestras potencias se suman, diríamos que estamos afectados por pasiones alegres. Pero cuando un cuerpo no compone con el nuestro, nos resta potencia, hasta podríamos decir que nos devora nuestra potencia, estamos atrapados en las pasiones tristes.

Néstor Kirchner. Su compañera, la Presidenta. No solo eran cuerpos que componían entre sí, sino que también componían con algunos de nosotros, con un gran sector de la sociedad.

Se vio en la plaza, esa mezcla improbable de tristeza con alegría, esos cuerpos relacionados en una comunión para la que no hacían falta las palabras.

Se percibe en las calles. Jóvenes pasiones que estamos viendo en todos los ámbitos de la vida política. El arte que se está viendo en las calles, las organizaciones que se nuclean y articulan, los movimientos que hay en los barrios, trabajando, organizándose.

Los hombres y mujeres de la cultura, del arte, de las ciencias, intelectuales generando nuevos lenguajes, revolviendo desde todos los lugares, desde abajo, con gente sencilla, produciendo con creatividad, con la suficiente confianza en la vida.

Los hombres y mujeres con pasiones alegres reproducirán acciones alegres. Quién puede decir que los cuerpos de Néstor y Cristina no nos remitían a la parejita de jóvenes militantes. Pero sin embargo esta imagen no nos habla de la tragedia. Al punto que hoy, a pesar de la muerte, no está la tragedia rondando, como estaba en aquella época en la que todo un pueblo estaba sumergido en las pasiones tristes, tanto que el olor a muerte impregnaba cualquier acto, y cualquier acto nos hacía oler la muerte.

En Spinoza, la vida no es una idea, una cuestión sólo teórica. Es una forma de ser, un mismo y eterno modo en todos sus atributos. El que es, es. Creo que no hay impostura que pueda transformar la pasión por la muerte en pasión por la vida (y tampoco a la inversa). Colocado frente al acto desnudo y crudo de la muerte, el cuerpo no puede hablar más que con la verdad. Y la verdad de esos cuerpos entrelazados, amorosos, políticos (los cuerpos de Néstor y Cristina), es que ni aun en la muerte pudieron generar pasiones tristes.

Y si hablo de los cuerpos, de cómo se componen entre sí, de la manera en que se potencian las pasiones alegres y las pasiones tristes, es porque siempre pensé que la colocación de los cuerpos en el espacio se define políticamente. En esos juegos de poder hay algunos cuerpos que quedan afuera y otros adentro.

Y entonces es posible preguntarse, frente a muertes tan dolorosas e inesperadas: ¿cómo se dieron esos juegos de poder para que quedara afuera el cuerpo de Mariano Ferreyra? ¿Qué pasiones predominaron?

¿Cuáles para que quedara afuera el cuerpo de Néstor Kirchner? ¿Acaso las injurias que han recibido no son propias de aquellos que hacen un culto a la muerte? Porque aquí no fueron las críticas a las que estamos acostumbrados y que son parte del escenario político, no, hubo otra cosa, pasiones tristes, desprecio, burla, violencia. Una fuerza que viene desde lo más oscuro de nuestra historia para pedirnos que sigamos allí, dominados, sufrientes. Spinoza decía que el tirano necesita almas rotas (tanto como las almas rotas al tirano).

Hay seguramente otras preguntas para hacer, dentro y fuera de esta metodología de pensamiento, pero lo que me interesa ahora es darle visibilidad a un tipo de análisis que toma en cuenta la ubicación de los cuerpos en el espacio.

Entonces hoy, más que nunca (porque en la historia no se presentan tan seguidamente las oportunidades), deberíamos estar alertas para impedir que los enemigos de siempre nos dejen afuera de nuevo.

¿De qué manera estar alertas? ¿Cómo se está alerta?

Alerta de los catatónicos de siempre, indolentes (como ausencia de la pasión), con su mirada sin vivacidad y su rostro terroso.

Alerta de las pasiones tristes porque las necesita el poder para alentar el odio a la vida, a la libertad. Alertas para evitar que esos juegos de poder puedan dejar a nuestra Presidenta sola. Denunciar todo lo que nos separa de la vida, volver a Spinoza y, de la mano de algún filósofo o pensador que nos facilite el camino, ir al encuentro de Levinas.

La vida de su compañera, la Presidenta, mi país.

Si la compañera de Néstor Kirchner deja ver su tristeza, la Presidenta -aun atravesada por la muerte- sigue mostrando su potencia de vida. Su pasión alegre, su pasión por la democracia. La Presidenta se aleja de la muerte totalmente, y pide a los demás que nos alejemos. Qué otra cosa es, por ejemplo, la negativa a reprimir en las protestas sociales?

Spinoza medía el grado de democracia por el grado de tolerancia de una sociedad. Ser tolerante (aceptar la diversidad como parte de la vida) es una pasión alegre. Porque a pesar de que él fue totalmente humillado, expulsado de su religión, maldecido de la peor manera, siguió eligiendo la potencia de vida para enfrentar a la muerte. Por eso fue digno y honesto intelectualmente, y es por eso que Néstor Kirchner y Cristina Fernandez fueron injuriados y odiados, por ser dignos.

La Presidenta se construyó y eligió estar del lado de las pasiones alegres, conoce muy bien las pasiones tristes, y conoce muy bien a los que ejercen esas pasiones.

El amor que tanto transmitían los cuerpos de Néstor y Cristina y nos llegó a nosotros, y nos regocijó el espíritu, lo debemos llevar con nosotros, anteponerlo a las pasiones tristes, componer con cuerpos alegres, aumentar nuestra potencia de acción y acompañar a la Presidenta que sigue intacta en su pasión por la vida, con la suficiente confianza en la vida.

Mi país. Enarbolar las pasiones alegres y llevarlas a la victoria.

La Plata, 15 de noviembre de 2010
Walterio Cingolani
Psicólogo social

sábado, 13 de noviembre de 2010

LOS DOS DIAS QUE CONMOVIERON A LA ARGENTINA

Al revivir las escenas de la insoportable noticia que recibíamos el miércoles 27 de octubre a las 10 de la mañana, y luego de pasar el estupor de los primeros momentos, se vuelve necesario refugiarse en imágenes y pensamientos de nuestro propio bagaje intelectual y marco de referencia. Para encontrar algunas explicaciones, allí, en el terreno conocido y menos incierto, que lo inesperado del presente. Así es que pensaba una y otra vez en la relación entre lo público y lo privado, lo personal y lo político. Pero no para leerlo en el sentido político que tuvo ese lema, tan caro al feminismo de los ’70: lo personal es político, sino para re- pensarlo en Cristina. Por esas horas tan atravesada por la pérdida de su compañero de vida y de militancia.

Néstor y Cristina son líderes políticos, figuras públicas de primer orden nacional e internacional, esto hace que resulte difícil en esas circunstancias imaginar el transcurrir del duelo personal de Cristina, el de su vida privada. Una y otra vez pensaba en cómo haría ella para transitar su duelo personal y el político, que en este caso se cruzan de una manera casi indisoluble. Ella supo hacerlo. Se ocupó de cuidar y decidir hasta el último detalle. Nadie la vio las primeras 24 horas de la muerte de Néstor. Fueron para ella, para sus hijos, sus familiares y las personas de su círculo más íntimo. Nadie la vio en el momento en el que constataba que el corazón de su compañero de toda la vida le había jugado una mala pasada y lo abandonaba. Demasiado pronto, ese corazón dijo basta. Demasiado pronto para él, para nosotras y nosotros y sobre todo para ella.

Luego de ese momento personal, privado, vino la ceremonia que se inauguró en la Casa de Gobierno, en el salón de los patriotas latinoamericanos. Allí también con cuidado de todos los detalles se iniciaron las exequias públicas, las que corresponden a alguien que decidió desde muy joven que su vida personal fuera una vida política. Fue el encuentro con sus compañeras y compañeros de militancia, de gestión y de todo el pueblo que quiso acercarse para despedirlo. Se despidió –justo allí- en esa casa a la que dijo llegar con fuertes convicciones y que no dejaría en la puerta, donde dijo que era hijo de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.

Ella estuvo casi todo el tiempo allí, junto a sus hijos, a Alicia, a los Presidentes Latinoamericanos, sobre todo, junto al pueblo que se acercó a abrazarla. Acariciaba el cajón, acomodaba amorosamente la bandera, las notas que le entregaban, las estampitas, los rosarios, las ofrendas más diversas. Se abrazó muchísimas veces con la gente, en largos saludos, en besos, en palabras de alivio al dolor de aquellos que vinieron a acompañarla y a consolarla.

La muerte no es solo pérdida; también supone restitución. El distanciamiento de la mirada cotidiana, ese extrañamiento que siempre produce la muerte nos permitió ver también otra dimensión del amor. El público y el privado. El amor por la política como una herramienta de transformación, el amor por las Madres, por las Abuelas, el compromiso con los primeros compañeros de la militancia, el amor por la verdad y la justicia. Pero también y en una dimensión casi indisoluble, el amor entre ellos dos. Las miradas, las sonrisas cómplices, el consentimiento de ella tan elegante, impecable y bella con el desaliño campechano de él. Esa dimensión de la complicidad y del amor de los dos, tapada y oscurecida por la agenda de todos los días, se ha convertido en un regalo póstumo que perdurará en nuestra memoria.

Se lloró mucho, muchísimo, pero fue un duelo distinto. Fue una ceremonia irreverente, inconveniente para el protocolo. Ese duelo fue un acto político de reafirmación militante, de reconocimiento del enorme vacío que dejaba su partida y de intensidad por la continuidad de un proyecto. Fue muy diferente de cómo se lloró a Evita o a Perón Aunque no faltaron algunos de los escribas del poder que quisieron compararla con la muerte de Perón, no para engrandecer a Néstor como un nuevo líder popular, sino para emparentar a Cristina con Isabel. El vuelo de esa imagen fue tan corto como el de los mezquinos intereses que representa. Tal vez si de comparaciones se trata, podríamos pensar en la muerte de Evita. Otra vez el espiral de la historia nos devuelve en otro tiempo, en otra dimensión, con otro marco social, económico y político, una pareja peronista: Perón sin Evita, Cristina sin Kirchner. Cuantos de los ataques a la Presidenta se parecen al “viva el cáncer” de los gorilas de ayer. Odio de clase y de género sobre los líderes del pueblo argentino. Como dice el canto popular: no nos han vencido. Otra vez logró renacer un proyecto nacional, popular y Latinoamericano; con mucho del peronismo histórico, pero también con mucho de los ideales de los sesenta y los setenta. Ahora sabemos que son cientos miles los que piensan así y están dispuestos a movilizarse y participar para afirmarlo.

En estos tiempos también se hacen presentes los cuervos. El cardenal Bergoglio, sin que nadie se lo pidiera y a pocas horas del deceso de Kirchner, armó una ceremonia oportunista en memoria del ex – presidente, de la que sólo participaron dirigentes de la oposición. Una vez más demostró nulo respeto por el deseo y las convicciones de los protagonistas del duelo.

Al final de ese interminable día llegaron al cementerio de Río Gallegos. Allí se hizo la única ceremonia religiosa organizada por Cristina. Esa ceremonia fue privada. Esa despedida fue privada, fue personal, aunque atravesada por lo político, no fue pública ni transmitida. Una vez más, esa mujer, nos dio una demostración de convicción política democrática y calidad institucional. El estado despidió a su ex - presidente y mayor autoridad de la UNASUR en una ceremonia civil, con las imágenes del Che, Bolívar, Perón, San Martín y los patriotas latinoamericanos. Ella puso las cosas en su lugar, las ceremonias religiosas son privadas, no son temas de Estado, de política pública. Así fue esa ceremonia, oficiada por tres sacerdotes cercanos a la familia.

Esta vez la fatalidad, seguramente la más difícil de toda su vida, coloca a esta mujer en el centro. Nuestra Presidenta, en el acto político de las exequias de su compañero, creció en gestos que la re - significaron a los ojos de millones de personas del país y del mundo. Dio muestras de la capacidad inmensa para los desafíos que se avecinan: la continuidad y profundización del proyecto, el liderazgo partidario, del movimiento y las elecciones del 2011, ahora ya más cercanas. Qué más decir de estos dos días que estremecieron la Argentina: gracias Néstor, gracias Cristina.

Estela Diaz

sábado, 6 de noviembre de 2010

NESTOR KIRCHNER 1950-2010


Tapa de Pagina12 del 28-10-2010

Día del Censo

Hoy 27 de octubre de 2010 Néstor se excluyó del censo, días antes se había autoexcluido de la provincia de Buenos Aires al cambiar su domicilio. Señales, anticipación, vaya a saber que designios imponderables en su espíritu apasionado, lleno de utopías y a veces “políticamente incorrecto”.-




Su voz sonora y ceceosa, su mirada divergente y curiosa, su pensamiento y palabras coherentes dirigidas y encaminadas sin vacilaciones ni retrocesos a donde toda una generación lo había soñado.-



Néstor restituyó de contenido a las palabras. Néstor produjo hechos en beneficio de la patria, y como decía aquel filósofo que “…los hombres son sus actos…” pudo detener la caída vertiginosa de todo un país luego del cataclismo del 2001, caída que había comenzado varias décadas atrás sin solución de continuidad.-



También supo sacar del ostracismo a la generación perdida en los 70 rescatando de la misma los mejores valores y proyectos, solidaridad, fraternidad, igualdad en libertad. Comenzaba a sacudir la modorra de la juventud de los 90 y generaba el impulso creador de la participación social.



Logró la recuperación de la centralidad del Estado, dando prestigio a instituciones depreciadas como el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y la Justicia.



Néstor contribuyó a desbrozar la paja del trigo en una sociedad apática , demostrando que no hay misterios ni abstracciones que “Mercado”, “Opinión Pública”, “la gente” son hombres de carne y hueso, son intereses poderosos, son corporaciones y nos devolvió la confianza en que había caminos posibles para la igualdad en sociedades complejas y aun globales.-



Su fortaleza, su empeño en no reconocer vallas, permitió recuperar la confianza en que nuestro país aun podía resucitar de las cenizas a que nos habían reducido truhanes, facilitadores y mediadores. Pero también en ese ímpetu, en esa pasión se le fue la vida,



Por eso estoy hoy tan apesadumbrada,

Mónica Sanchez Distasio

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Si robaran el mapa del país de los sueños

Siempre queda el camino que te late por dentro

de una canción de Rosana
Lo que iluminó la muerte

En un primer momento la terrible noticia me atacó por todos los frentes: la pérdida del conductor político, la interrupción del proyecto cuando empezaba a querer consolidarse, la frustración, la pérdida del compañero de vida y de militancia para Cristina, la soledad de Cristina (insoportable imaginarla!). Y el más sensible, quizá porque me llevaba a un rincón oscuro: las Madres sufriendo otra vez. No había derecho. Nunca pienso en la muerte como una injusticia, pero esta vez lo pensé. Envuelta en una visión fatalista de la historia, escuché a Hebe, a Estela, a Tati Almeida y se me desgarró el corazón.

Pero luego ocurrió la plaza.

Frente a la virtualidad de la cultura mediática, de pronto un hecho que viene de la más pura y dura realidad nos saca de los goznes. Entrenada en la desarticulación de lo mediático y por instinto, enseguida empecé a chequear: ¿estoy actuando mi dolor? No ¿Está actuando la presidenta? No ¿Están actuando los ministros y las personas que la rodean? No ¿Están actuando las miles de personas que se acercan a la plaza? No ¿Están actuando los que pasan delante del féretro y le gritan ¡Fuerza Cristina!? No (aunque me atrevo a preguntar si hacia el final, cuando ya la escena estaba íntegramente mediatizada por la TV, no se percibió algo de esa cultura que transforma a las personas en “gente que piensa pensada y habla hablada por la televisión”).

El alivio es inmenso: la plaza es un hecho real. Un hecho real con una potencia arrolladora. Auténtico, genuino, espontáneo. La única forma de preservarlo así, con ese poder, es en la memoria de nuestras cabezas y nuestros corazones. Porque los medios ya han empezado a bastardearlo, es decir, a fagocitarlo y devolverlo masticado y digerido a su medida de show, de anécdota, de banalidad, de olvido. Primero, frente a la inapelable plaza, cambiaron el discurso sin ningún tipo de autocrítica o advertencia al espectador. Ahora Kirchner era el estadista, el conductor, el animal político, el hombre con principios e ideales que defendió hasta la muerte. Luego empieza la trivialización: los mozos que nos conmovieron, el maravilloso tenor, el fotógrafo que tomó esa foto única que da la vuelta al mundo (con intencionalidad Clarín y La Nación la pusieron en sus tapas para marcar la soledad de la Presidenta) dan entrevistas y cuentan por televisión detalles insignificantes, vacíos de todo valor, carentes de todo contenido político (cuánta azúcar le ponía Kirchner al café, con quien aprendió a cantar el tenor). El sábado, acá no ha ocurrido nada: de nuevo ese programa parásito de otro programa infame y “Pasión de sábado” con el casting de bailarinas.

Pero nosotros estuvimos ahí y sabemos lo que pasó. Frente a la liviandad, el peso específico propio de un hecho extraordinario: el pueblo en las calles despidiendo a Néstor y apoyando a la Presidenta. Frente al olvido y la tergiversación, la memoria y la reflexión, como siempre.

A veces las posiciones se iluminan retrospectivamente. ¿De qué lado estábamos cuando nos sorprendió la muerte de Kirchner? ¿De qué lado nos deja parados esta plaza colmada? Palabras, discursos, estrategias que se mantenían en un estado de “interpretabilidad” –por lo menos para algunos- de pronto se inundan de un sentido inapelable. La muerte y la plaza han iluminado todo: ¿en qué lugar quedó la posición de cierta centroizquierda e izquierda, la construcción de la figura de Kirchner realizada por los medios, el discurso deslegitimador compulsivo de la oposición? ¿Quién podría ahora, seriamente, decir que la visión política de Kirchner era falsa, incomprendida, antipopular, equivocada? Tendrán que dar un salto de calidad y sinceridad argumental si quieren ser escuchados de nuevo en el futuro, pero lo cierto es que ya nunca podrán desagraviar el significado histórico de su egoísta oposición porque quien era el destinatario de tan mezquinas estrategias ha muerto.

Pero además esta muerte y esta plaza iluminan los resquicios, los lugares a los que llegábamos sólo intuitivamente o con el deseo: sí, éramos muchos; sí, estaba la juventud; sí, había mucha gente agradecida; sí, Néstor y Cristina nos habían tocado una fibra muy íntima. Como dijo una periodista: cada uno tenía su máquina de coser. Una variedad de mecanismos lo habían hecho posible: la identificación con un tipo “parecido a nosotros”, el reconocimiento, la reparación, la dignificación como personas, como argentinos.

Y la muerte iluminó también lo que eran como pareja: un equipo. ¿Por qué costó tanto entender –y defender- esta forma de ser y actuar? Quizá acostumbrada al personalismo del poder, en una sociedad todavía machista, me costaba reivindicar, por miedo a caer en un defecto u otro, lo que tenía de creativo, de solidario, de colectivo, esta forma de ser pareja, de hacer política, de enfrentar el mundo. Compañeros de toda la vida, compañeros de militancia. Esta marca registrada de los Kirchner ilumina también la coherencia, la capacidad de superar diferencias, la habilidad para pararse frente a las circunstancias, de caminar juntos detrás de algo trascendente. Y también que el amor es posible, y no se alimenta de la resignación y la rutina. Entonces, no hay por qué esperar que ese pacto no siga luego de la muerte. Porque resulta imposible imaginar que no hay un acuerdo entre ellos sobre la dirección que deben tener los próximos pasos de Cristina (y aun de los ya dados desde el momento de la muerte!).

Porque Cristina ya está haciendo política. Ni hablar de su fortaleza, de su actitud, de cómo resolvió las cosas. Como todos los que hemos pasado “cierta edad” no me impresiono fácilmente. Pero Cristina me rindió.

Derribando el mito de la inseguridad, del “aluvión”, del aislamiento del poder, del muro, de que mucha gente reunida es peligrosa, de que los gobernantes son intocables, de que los espacios oficiales tienen acceso restringido, de que el protocolo manda, de que la expresión popular es risible o ridícula, de que el tiempo es tirano, ella no tuvo miedo. Se dejó tocar, acariciar, besar. Le cantaron, le hablaron, le gritaron. Le dijeron cosas a ella, a Néstor, a todos los que la rodeaban (¡cuidenla, compañeros!). Le entregaron recuerdos y regalos. Los aplaudieron. Hubo un vaso comunicante inmenso entre su dolor y el amor de la gente, pero un vaso comunicante abierto no por azar del destino, sino por su propio corazón y capacidad de decisión. Sin ningún tipo de mezquindades o restricciones (solo la más inteligente: nada de fotos, no virtualicemos). Su decisión política legitimó a los que fueron a expresarse. El gesto se repitió durante el cortejo: la presidenta se bajó del auto y le pidió a un policía que no forcejeara con una persona que se quería acercar. Cuántas veces pensé durante ese trayecto que la gente iba a volcar el auto o que el cajón iba a salir disparado. Pero no pasó nada malo. No iba a pasar nada malo.

Queridas Madres, querida Cristina, estos días demostraron que no estamos igual que en aquellos oscuros tiempos, que hay una conciencia popular que las acompaña y que con trabajo se puede transformar en capital político. Allí estaré para intentarlo desde esta inesperada militancia, redoblando el compromiso junto con mis compañeros.

Afectuosamente

Una compañera de Carta Abierta La Plata Berisso y Ensenada